El retorno de Jalibaba

Marchamos hacia Tarfaya, ya adentrándonos en lo que es el Sahara.

Y ahora si, empezamos a sentir lo que es el calor. Cada parada y salida fuera del coche se convierte en una sesión de secador apuntando a la piel. El aire golpea completamente caliente y sin descanso.

Empieza ya una sucesión de cientos y cientos de km de carretera recta, con alguna curva despistada, una especie de arcos del triunfo recibiéndote cada cientos de km y una miniciudad a cada arco.

En medio de la nada, con arena a un lado y una línea de acantilado la otro, que viene y va, apareció una de estas “ciudades” mínimas. Había un hotelón que nunca entenderás que hacía ahí, a la espera de un boom de algo que tenía pinta de no llegar en los próximos 1000 años. El caso es que tenía aire acondicionado y comida, a parte de ser nosotros de los excasos clientes que tenía ese día. Y haciendo un juicio de valor aproximado, yo creo que de los excasos clientes de la semana.

Preguntamos a uno de los empleados por una piscina, pensando que el hotel tendría, y curiosamente nos dijo que a unos metros teníamos una.

Tras búsquedas y vueltas, no encontramos nada.

Así que preguntamos a la única persona que andaba por la calle en el sahara a las 15 horas.

Resultó ser una persona mayor con su chilaba, su bigote, pelo canoso y cara de estar más para allá que pacá.

En cuanto oyó “”piscine”” él solito se montó un monólogo: “Ahhhh, picine, picine, aveniu…uoi uoi… aveniu (mientras gesticulaba como se nada)… oui oui 20 dirham….(mientras buscaba el billete para enseñárnoslo, todo un show)… aveniu…. (pausa, mirada, nos mira, mirada) jajajajajajajjajaja Jalibaba jajajajajjajaja uhhhhhhhhhhhhh Jalibaba….Jalibaba aveniu

En fin, dicho así y contado pierde la gracia. Pero tras varios días que no decían nada al compañero de Jalibaba; viendo al hombre que estaba un poco tocado; como hacía lo de nadar, como intentábamos entendernos y que de repente le dio un ataque de risa y lo soltó…. acabamos a carcajada limpia los 4 allí sin más y desde luego que la coña del jalibaba avaniu nos acompañó todo el viaje.

Dicho esto, al final encontramos el aveniu famoso, que resultó estar a un par de km. Eran unas piscinas termales que olían a pis y donde se seguía practicando el deporte favorito de darse espaldarazos.

Allí aprendimos a meternos en agua caliente y ponernos en la corriente para refrescar la temperatura. Y claro está, si ellos lo hacen que viven allí, por algo será.

Después, ya relajados y algo refrigerados, continuamos por la carretera hasta escoger un sitio para acampar. Una gran cena en el desierto a base de zumo y embutido mientras contemplas todas las estrellas que puede tener un cielo. De cuando en cuando, el sonido y las luces de algún vehículo que pasaba por la carretera más larga y recta que el hombre decidió hacer.

transahariana

puertas

aveniu

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De la mano...
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