A la una llegamos

Marchábamos hacia nuestra última frontera: cruzar a Malí por Kidira.

Todo apuntaba bien: el coche aguantaba; íbamos bien de tiempo… así que pronuncié una de estas visiones de futuro ” a la una llegamos”. En resumen, estábamos a excasos km de la frontera a eso de las 11 del mediodía y no necesitaríamos tanto tiempo como en Rosso para cruzar.

La parte senegalesa fue rápida, aunque nos costó encontrar el puesto policial. La única persona que leyó el passavant fue el militar de salida. Nadie más en todo Senegal se preocupó de la fecha ni de si era de 24 ó 300 horas.

Cuando ya llegamos a Kidira, lo primero que ves es un puente y una cola kilométrica de camiones esperando a cruzar. Afrotunadamente, hay hueco para que vayan pasando coches.

Llegamos al puesto y aquello es un hervidero. Una mesa llena de agentes y personas con carteras y maletines entrando y saliendo con papelotes.

Bueno, entregamos todo y empieza el problema: no podemos pasar. Nos dicen que como no está el propietario del vehículo no podemos pasar o en su defecto que como no tenemos sellada por la policía la autorización, no vale (pese a que está sellada por el ayuntamiento).

Pensando que nos quieren tangar, llamo a la embajada. A pesar de eso, el tipo ni se inmuta ni pestañea. Nos atienden sin saber y dicen que más tarde nos llamarán.

De nuevo lo intentamos y nos dicen que no.

Bueno, entramos a hablar con el jefe que en un alarde no querer entendernos no nos explica nada.

La embajada nos llama y nos insta a que cuando lo resuelva les vayamos a ver cuando lleguemos a la capital. Casi suena a amenaza ya que “tenemos vuestro número, así que, venid”.

El tiempo pasa y nadie llama ni avanza nada. Bueno, a la una ya no llegábamos, parecía.

Llamamos a la sede de CC. Contamos nuestro problema y Rafa empieza a realizar gestiones. Pedimos el teléfono al jefe aduanero lo cual le entusiasma. Le llama el prefecto de Hombori, lo cual le entusiasma más, porque le da a entender que somos los blanquitos que venimos a tocarle las narices, cuando lo único que queríamos es que le explicara a alguien qué debíamos hacer y que esa persona nos lo contara.

Al poco llama Rafa, se oyen los gritos. El hombre nos cierra la puerta en las narices y empieza a echar insecticida al otro lado para que no entremos.

Salimos fuera a esperar, mientras siguen pasando y pasando personas. Nos enteramos de que esas personas son agentes transitarios, vamos, que legalmente trabajan untando a todos para que el vehículo X pueda pasar.

Las horas pasan y en una de estas, los agentes nos resuelven una duda que teníamos. Un día hablamos de cómo se repartirían la pasta de los sobornos, bueno pues así lo hicieron: salen todos, uno saca un fajo de billetes y ale, a pachas entre todos delante de todo el mundo.

Desde luego que según pasaban las horas nos reíamos más. Y claro, los agentes deberían pensar si éramos tontos o algo, porque no hacíamos más que reirnos estando como estábamos. No podíamos pasar a senegal y no podíamos entrar en Malí.

Después de varias horas de llamadas, de entradas y salidas, de risas y de que un camión rompiera una luz al coche (hay días que es mejor no levantarse); vino a buscarnos un poli en motoreta. Nos llevó a comisaria y ya, le contamos el problema al comisario jefe que no podía hacer nada. esa fue la gran ayuda de la embajada, que de aquella creía que hacía varias horas que habíamos pasado.

Un agente transitario al fin nos explicó en inglés que debíamos hacer, básicamente dejar un abal que después se devolvería. Nuevamente gestión de llamadas y el prefecto de camino a una aduana para pagar el abal.

Cenamos y acampamos al lado de las vías en una bonita noche estrellada. Yo estrené mi tienda mosquitera. Y claro está, en un momento dado noté la oscuridad sobre mi, seguida de unos bonitos rayos. Así que a refugiarse a una tienda. Claro está, si todo debe ser así, debe ser así: no se le puso a la tienda el quitalluvias así que se inundó  😆  😆  😆  😆

Si lo hacemos a drede no sale.

Fuimos a ver si mientras el prefecto depositaba la fianza, la policía al menos nos hacía le visado. Nos dijo que si, para acto seguido ponerse a jugar a las cartas. Bien. Total, si llevas 18 horas esperando, una más ya da igual. Finalmente conseguimos la visa y fuimos a ver a nuestro querido amigo. Había amanecido más simpático y nos indicó, al fin, cómo proceder.

Así que cogimos al único agente transitario que hablaba inglés por allí que en 40 minutos nos gestionó todo y nos explicó que si, que efectivamente son personas cuyo trabajo legal es sobornar.

Después de muchas risas; de todas las catástrofes; de que a cada catástrofe nos daba más la risa; de pegarme, aunque parezca mentira, las 24 horas de risa más grandes que he tenido en mucho tiempo; por fin y sobre mi previsión a la una llegamos para comer a nuestro siguiente destino.

Nadie dijo que sería al día siguiente

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De la mano...
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