A una luz mágica

Siempre escuché o leí que la luz del Níger es especial. Nadie sabe definir qué la hace especial, pero lo dicen.

Hace un año pude comprobarlo y uno de los alicientes del viaje, era repetir la magia del sol por estas tierras.

En realidad, ni siquiera es el Níger, si no uno de sus afluentes, pero no le quita la magia.

Reemprendimos marcha, perdiendo más de una hora en Bamako y sus atascos para salir por el camino correcto. Nos dirigíamos hacia Segou.

El camino lo hicimos sin sobresaltos, parando para comer, comprando provisiones y haciendo una visita al lugar. Hablando aquí y allí, viendo jugar al fútbol, pasando las barcazas… desde luego con mucho más encanto que Bamako.

Continuamos la marcha y acampamos en un poblado la lado del río, previo permiso del jefe del pueblo y acomodándonos bajo un árbol por si llegaban las lluvias. Algún lugar entre Segou y San.

Dedicamos el resto del tiempo a pasear, observar la vida del lugar, sus niños lavándose; sus hombres, como siempre, sentados; las mujeres lavando y moliendo el mijo o sacando agua nada más salir el sol; disfrutando de los sonidos de la noche; dejándose llevar por la magia de la luz…

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De la mano...
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