Relax y averías

Nos dirigimos hacia Diema para reposar. Encontramos un hostelín que necesitaba alguna que otra reforma y desde luego una pequeña criba de cucarachas. Pero después de acampar en plena tormenta y esperar 25 horas en la frontera, era todo un palacio.

Y de ahí marchamos hacia Bamako, la capital. Disfrutando del verde del paisaje, sin darnos cuenta, casi llegamos, hasta que… un ruido y el coche no marcha. Afortunadamente nos pilló en la entrada de Bamako y en cuesta, así que pudimos bajar en punto muerto hasta parar delante del jardín botánico.

En seguida nos acercaron un mecánico, aunque ya habíamos detectado la avería: transmisión rota. Algo previsible y más tras cruzar la hermosa carretera norte de Senegal llena de socabones.

Tras acordar el precio, fuimos al mercado a por la pieza. El mecánico nos instó a acompañarle, pero yo no quería, ya que nos cobrarían más que si cogía la pieza él y después nos mentía y subía algo el precio. Siempre sería más barato. Pero no hubo manera de convencerle, así que nada. Conseguimos la transmisión nueva y a cambiar. Por cierto, por si no lo había dicho, esta vez también hice una pequeña previsión de la hora a la que llegaríamos. Desde entonces, no volví a decir nada al respecto.

Y una de las cosas que en África va más rápido es la mecánica. En una hora y media estábamos rodando de nuevo dirección a nuestro hotel donde reposar. Un buen hotel con piscina, comida variada y algo de comodidad que necesitábamos. La pega es que Bamako no es para nada una ciudad agradable y quizá nos sobró algo de tiempo.

Para muestra, un botón del tráfico y la contaminación a una temperatura nada fresquita

Pero bueno, pudimos refrescarnos, dormir y salir a algún bar donde conocer a Olga. Olga merece un capítulo a parte por ser una de las pocas probabilidades (de serlo) de encontrarse una mujer transexual por aquellas tierras.

A grandes rasgos, estos días nos sirvieron para descansar; dar paseos; comprar mi nuevo djembé y un balafone de encargo; conocer a Blackie Dk que a la postre resultó ser hijo de uno de los jefes de aduana de Kidira (donde esperamos 25 horas, las vueltas que da la vida) y que nos llevó por ahí de conciertos y a una discoteca de aren be (o como se escriba) de lo má lamentable; para regularizar nuestro pasaporte y

si, para ser oficialmente detenidos Laughing .

Nos estaban esperando a la puerta del hotel para multarnos por salir sin pasaporte. En Malí tienen la bonita costumbre de multarte si no vas identificado, cuando lo normal es dejar el pasaporte en el hotel a buen recaudo y si fuera necesario, acompañarte para corroborar tu identidad. Bueno, en nuestro caso, escuchamos un buenas noches en francés al que respondimos, para posteriormente pedirnos nuestra identificación que estaba a 20 m y donde no quisieron acompañarnos. Nuestro vasquito tenía su DNI y salvó, pero yo dije que no pagaba una multa.

Si no pagábamos, íbamos a comisaría en plena noche. Así que confluyeron dos factores la mar de bonitos: qué me voy a perder un paseo de noche por bamako y ver una comisaría, no por favor; y no pago polis corruptos. Así que, tras pedirnos una señorita del cuerpo que subiéramos al furgón, accedimos.

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Acerca de kemencito

De la mano...
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