De nuevo, Dogón

Uno de los grandes alicientes de regresar a Malí es poder volver a ver el País Dogón.

Para explicarnos, es una zona al sur de Malí con su propia idiosincracia cultural que se encuentra asentada en una falla, la de Bandiágara. Hace unos 100 años que fue descubierta para el mundo occidental (ellos como que ya se habían descubierto) y poco a poco se ha convertido en zona de paso obligada al turismo, conservando aún su esencia y costumbres.

Sus poblados siguen siendo como eran; el hecho de que casi no lleguen las carreteras los mantiene en un estado de conservación cultural importante para su turismo. Siguen hablando dogoní, con sus inmensos y largos saludos de palabras monosílabas donde se preguntan por toda la familia y que una vez en la vida hay que escuchar. Siguen con su ritual de máscaras, sus bailes. Y sigue siendo un lugar qué visitar. Además, se duerme en los poblados, cosa que la mayoría de turistas no hace de normal y para ellos es ese pequeño aliciente de aventura y contacto un poco más real. En nuestro caso y veníamos muy poblatizados y acampados.

Nosotros nos planteamos si ir o no con guía. Allí ayuda tenerlo por le respeto a sus convenciones sociales y en nuestro caso nos sirvió, ya que nos hizo una ruta alternativa atravesando la falla sin ningún camino que seguir. Lo cierto es que hicimos 3 días de trekking un poco de matada: el primer día excasos 5 km, después 18 y finalmente más de 20 km. Para una persona que sólo se dedicaba a sudar quinina y apestaba a químico, debo decir que fue un poco insensato pro mi parte. El última día caminaba por inercia.

para entendernos, nosotros bajamos la falla (de Djiguibombo a Kani Kombolé); caminamos por abajo y subimos de nuevo (de Kani Kombolé a Begnimató); y bajamos de nuevo para subir sin camino y cruzar la falla entera (Begnimató a Djiguibombo).

Mis compañeros estaban sudando la gota gorda también, pero aprovechaban mi situación para que pidiera relax y ellos mantener intacto su estatus de aventurero Laughing . En fin, nos sudaban hasta las pantorrillas y yo sólo olía a químico. Me repudiaba a mí mismo.

Tampoco tuvimos suerte con el guía, que venía de una lesión y el segundo día le sustituyó un amigo/primo/conocido y el tercer día otra persona. Pero bueno, bien, las tres personas se explicaban bien y sólo hablaban si preguntabas. Especialmente, el chico del segundo día era bastante simpático y se preocupó de conseguirnos alguna fruta de la zona para recuperar azúcar en sangre.

Yo no digo más, que hablen las imágenes

Anuncios

Acerca de kemencito

De la mano...
Esta entrada fue publicada en Cat malí 2010. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s